Los niños de 3 años continúan con el aprendizaje de su propio nombre: observándolo, identificándolo, comparándolo… hasta que se interioriza de una manera significativa, es decir, se empiezan a establecer relaciones mentales entre las letras que lo componen, los sonidos que se escuchan en su nombre y las letras de otros nombres o palabras que ya conocen. Así, casi sin darse cuenta, a través de juegos, ellos van aprendiendo a reconocerlo, escribirlo…


























































